Viena fue, durante 600 años, la capital de la dinastía Habsburgo, que gobernó en una gran parte de Europa. De aquella época, se conserva aún toda la pompa y el esplendor.
La mayoría de las atracciones de la ciudad está situada dentro de la Ringstrasse, una amplia avenida circular de unos 4 kilómetros que circunvala el centro de la ciudad. El palacio imperial de Hofburg, de la familia de los Habsburgo, también merece una visita. El palacio de Schönbrunn, la catedral de San Esteban y la iglesia Votiva son joyas indiscutibles del patrimonio arquitectónico de la ciudad. También es muy recomendable dar un paseo alrededor del Ring. Las ostentosas mansiones, la Ópera Nacional y los numerosos museos también le cautivarán.
Fuera del centro de Viena, encontrará el magnífico palacio Belvedere y el renombrado Prater, el parque de atracciones que alberga la famosísima noria conocida con el mismo nombre, una de las más grandes de Europa. Y, después de hacer turismo por la ciudad, podrá relajarse en una de sus típicas bodegas o tradicionales cafés.
